jueves 4 de febrero de 2010

Probable historia real del culebrón del pirateo (I): música, industria, ambición, autores, MP3, ministras, manifiestos y derechos pisoteados

(Este es un relato ficticio que quién sabe si pudo llegar a ser realidad en su momento)

Tarde lluviosa a principios de 1980: los altos directivos que asistían a aquella bizarra reunión sentían cierta incomodidad, ya que compartían mesa con todos sus competidores: los magnates de la industria discográfica. Pero la situación valía la pena: un misterioso ejecutivo los había citado para presentarles un nuevo soporte que revolucionaría el sector y que cubriría de oro a las empresas discográficas durante décadas.

El misterioso interlocutor inició su discurso: “Señores, tienen ante ustedes el Compact Disc, un soporte digital que sustituirá para siempre al trasnochado vinilo y que les permitirá alcanzar beneficios astronómicos. En estos doce centímetros plateados se puede albergar un LP completo”

“Pero ¿por qué es mejor que el vinilo?” preguntó dubitativo uno de los presentes.

“Para usted es mejor porque, a la larga, es mucho más barato hacer copias en este formato en comparación con el vinilo. Además, ocupa y pesa menos, lo que conlleva ahorros en el proceso logístico. Además, podremos decir a los consumidores que nunca se raya y que la calidad del sonido es superior, al ser digital. Pero lo más importante de todo es que, con el argumento de la alta tecnología, nos será fácil convencer a los compradores para que paguen el doble por un CD que por un vinilo”

Comenzaron a escucharse los primeros aplausos

Sin embargo, un ejecutivo, en cierta medida agorero, recelaba de la nueva panacea: “No se olvide de esa maldita gente que graba nuestros discos y las canciones de la radio en casettes para luego no comprarnos la música a nosotros. Son unos delincuentes empeñados en arruinar nuestro negocio. Me preocupa que se pueda copiar la música de estos disquitos, porque iríamos de cabeza a la ruina”.

El hombre misterioso se relamió antes de dar su contestación a la pregunta que sabía que surgiría a lo largo del encuentro: “lo mejor de este nuevo formato es que resulta imposible copiar su contenido. Tengo un primo informático muy versado en estas lides que me ha asegurado que resulta posible encriptar el contenido. De esta manera resultará imposible replicar las canciones”.

Empezaron los primeros vítores.

Algunos directivos ya comenzaron a concebir nuevas vías de llenarse los bolsillos y no podían resistirse a compartirlas abiertamente: “Si este formato se convierte en el nuevo estándar, empezarán a escasear los tocadiscos tradicionales y los consumidores tendrán que volver a comprar toda su discografía de la que ya disponen en vinilo. ¡Se volverán a comprar todos sus discos favoritos en formato CD!”

El directivo que tuvo esta ocurrencia fue manteado con gran algarabía por los presentes mientras el misterioso trajeado se sorprendía ante la gran ambición de los incipientes planes de negocio imaginados por los ejecutivos asistentes a su convocatoria.

El nuevo formato digital era perfecto: reducía los costes de grabación y de logística, presuntamente ofrecía mejor calidad y no se rayaba, pero lo mejor de todo es que las canciones no se podían copiar y que podrían a volver a vender de nuevo toda la música que ya habían estado vendiendo a lo largo de décadas ¡por el doble de precio!

“¿Y esto no será un pelotazo pasajero con serias consecuencias negativas a largo plazo para la industria? ¿Cómo afectará esta evolución a la siguiente generación de ejecutivos del sector?” se preguntó el único asistente introspectivo entre la absoluta apoteosis generada por la promesa de negocio casi infinito “Y, por cierto…¿Alguien ha pensado en los músicos?”

30 años después, la ministra española de Cultura se preguntaba en la soledad de su despacho “¿Realmente tiene sentido seguir…?”
(Continuará)

2 comentarios:

lociertoesque dijo...

La música ya existía antes del streaming, del MP3, del CD, del cassette o del vinilo, y seguirá existiendo al margen de los soportes con los que una vez se levantó una industria. Eso es lo que tienen que entender las discográficas y otros agentes de este sector.

Cuchola dijo...

Y digo yo... por qué tipos oscuros y anónimos vienen a comentar en mi blog y no en el tuyo? que es tu post!!! X)

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