domingo 29 de marzo de 2009
¿Para que uso Twitter?
Sin embargo me sorprendió una frase de uno de los directivos, dado que provenía de un experto en plataformas 2.0: “realmente todavía no sé para lo que sirve Twitter”. A lo largo del último he encontrado a otras personas introducidas en el sector que me han planteado la misma duda. Así que me he decidido a compartir algunos de los usos que le doy a este sistema de microblogging:
1) Enterarme en tiempo prácticamente real de las temáticas que preocupan a destacados periodistas y ofrecerles mi colaboración para la elaboración de artículos y posts.
2) Detectar las preocupaciones de líderes de opinión de diferentes sectores sobre asuntos concretos, lo que me permite emprender el camino hacia posibles soluciones colaborativas.
3) Quedar con los amigos.
4) Encontrar colaboradores (por ejemplo, en mi faceta de fotógrafo he encontrado un buen ayudante de fotografía).
5) Investigar opiniones interesantes sobre asuntos de interés público.
6) Avisar cuando llego tarde a una cita con un twittero amigo (sí, sustituye al teléfono y al correo electrónico en este caso).
7) Buscar expertos en temas concretos para procesos de reclutamiento de personal.
8) Recomendar establecimientos a amigos twitteros que están fuera de su ciudad y al mismo tiempo pedir consejos cuando yo estoy de viaje (por ejemplo ¿Qué restaurante me recomiendas en Vigo?).
9) Animar a mi exsuegra en sus primeros pasos por internet.
10) Enterarme de primera mano de lo que sucede en eventos a los que no he podido acudir y, a su vez, retransmitir casi en directo acontecimientos a los que no han podido acudir mis amigos twitteros.
11) Aportar valor a compañeros del sector, compartiendo temáticas que considero de interés general para la profesión.
12) Contestar a consultas realizadas por otros twitteros (por ejemplo ¿Me conviene pasarme al ADSL de Jazztel?) y también pedir opinión a otros twitteros para que me aclaren dudas a la hora de adquirir un producto o servicio (sí, en este caso sustituye a los foros).
13) Sí, y como no: echar el rato. A veces es difícil desengancharse.
Sí, vale, un decálogo consta de diez puntos, pero dado que el 13 es un número que me inspira simpatía (de hecho nací un día 13) he decidido que tres puntos más no vendrían mal de postre.
En cualquier caso, finalmente me gustaría resaltar que al igual que los feeds, lo importante no es el número de twitteros a los que sigues o el número de followers que tengas, sino la calidad de todos ellos y el valor que te aporten.
Como conclusión podemos decir que Twitter sirve ¡para lo que tú quieras!
¿Para qué sirve vivir?
miércoles 18 de marzo de 2009
El concepto relaciones públicas: el despiste de un traductor chapucero
¿Qué es eso de “Relaciones Públicas”? ¿A quién se le ocurrió tan funesta traducción al español de tan acertado término anglosajón? Relaciones públicas son aquellas que entiendo se producen públicamente, a la vista de la audiencia.
Querid@ amig@, si has trabajado en este sector sabrás que muchas de las relaciones que se desarrollan en el seno de esta disciplina son bastante menos públicas de lo que mucha gente se piensa. No olvidemos que dentro de las public relations (prefiero utilizar momentáneamente este término) se encuadran actividades internas de las organizaciones: prevención y gestión de crisis, lobbying, planificación estratégica de comunicación en casos de downsizing y EREs, comunicación interna dividida por niveles jerárquicos, etc., actividades todas ellas que requieren establecer estrategias y tácticas de comunicación íntimamente ligadas al desarrollo de determinados tipos de relaciones.
Por tanto, cabe inferir que muchas de las relaciones que se desarrollan en el marco de la profesión de las public relations y/o comunicación jamás salen a la luz pública. Así que ¿Por qué se denomina la palabra “públicas” para definir unas relaciones que en una gran parte de los casos nada tienen que ver con dicho adjetivo?
El cenutrio que en su momento tradujo el término anglosajón “public relations” a nuestra lengua dio por sentado que la palabra “public” era un adjetivo que definía la naturaleza de dichas relaciones y eso ha colado durante décadas y todos lo hemos aceptado sin rechistar ni ponerlo en duda. Esto me recuerda una leyenda urbana que decía que la RAE aprobó el uso de la palabra setiembre (sin “p”) porque el banco de España imprimió un billete de 10.000 pesetas en el que hubo una errata, por la que dicho mes se había escrito por error sin “p”. Y claro, resultaba más fácil y más barato convencer a la RAE para que aprobase el término huérfano de “p” que llevar a cabo una campaña de recogida de billetes de 10.000 pesetas (Santa Rita Rita…) y volver a imprimir los billetes con “p”. La conclusión de esta leyenda urbana es que el pesado mecanismo de la RAE tuvo que ponerse en marcha para arreglar el despiste de un diseñador/impresor chapucero.
Pues bien, por lo que se ve el que a partir de ahora denominaremos como “El Traductor Chapucero de las Relaciones Públicas” (ETCRP) no tuvo ningún afán por efectuar una segunda lectura más profunda de su trabajo, y por lo que se ve era un tenaz defensor del mantenimiento de la paridad en la traducción del número de vocablos destinados a definir una profesión poco conocida en aquella época. “Más de dos palabras es un estipendio excesivo” debía discurrir. “Si la Pérfida Albión se conforma con dos palabras nosotros no vamos a ser ni más ni menos que ellos” debió justificarse nuestro querido ETCRP, dejándose preposiciones y artículos por el camino, cual niño que al tratar de volver a reconstruir la radio que previamente había desmontado le sobran pequeños tornillos sin importancia.
Vamos abreviando, que esto se me está escapando de las manos: si echamos un vistazo a la definición anglosajona de la profesión de public relations veremos que se define de la siguiente manera, aceptada universalmente por los grandes teóricos de la profesión:
Public relations (PR) is the practice of managing the flow of information between an organization and its publics.
Y esto también lo dice la Wikipedia, que ¿nunca miente?
Es decir: Public relations es la práctica que gestiona (o dirige) el flujo de la información entre una organización y sus públicos.
Bien, fantástico ¿Pero en qué momento se habla aquí sobre la naturaleza pública o no de dichos flujos de información que generan las relaciones…? ¿Dónde…? Querido ETCPR ¿Podrías aclarármelo?
Por ello yo prefiero que el término que defina mi profesión sea realista y respete la definición original de la profesión, a pesar de resultar extrañamente extenso:
“Relaciones con los públicos”
Se ajusta perfectamente a una traducción desde el inglés ¿verdad?
Además, el término utilizado por los hispanoparlantes americanos define la figura del comunicador o de relaciones públicas como “relacionista”
En toda mi carrera sólo he hablado con una persona que coincidía absolutamente con mi teoría y de hecho muchos de mis compañeros de profesión a quienes he expuesto la aquí recogida diatriba terminológica me observaban atónitos cuando terminaba de exponer mi punto de vista. No obstante esta actitud de mis compañeros no es de extrañar, porque en ocasiones emano teorías tan absurdas como que si a Jesucristo lo hubiesen acribillado a balazos en vez de clavarlo en la cruz, hoy en día el símbolo del cristianismo sería un Mágnum del 45.
En fin, una curiosa historia: un error de comunicación en el corazón de lo más sagrado de la profesión de los que nos dedicamos a comunicar. ¡Que bonito es ser imperfecto! Como la propia esencia del Ser Humano. Pero ¡qué coño! me gusta ser original y siempre he sido así. ¿Quién puede vanagloriarse de trabajar en una profesión que se define no sólo con dos palabras, sino con cuatro? ¡Para chulos nosotros, aunque no sepamos ni cómo se llama nuestra profesión!
Otro día podremos divertirnos con usos de la palabra relaciones públicas. Por ejemplo “se busca persona con dotes de relaciones públicas”. Señores, para llegar a este punto hay que cursar estudios superiores, al igual que los abogados y los biólogos. Y pensándolo bien: yo nunca he visto anuncios de empleo en los que se soliciten empleados con “dotes de abogado” o “dotes de biólogo” ¿Ves como nuestra profesión es la que da más juego a nivel terminológico?
Gracias por aguantar el tostón,
El Relacionista
jueves 5 de marzo de 2009
¡Lo de antes sí que eran crisis!
Tal como dicen, esta dichosa crisis es general, o bien estructural, otros dicen que es de consumo y muchos otros argumentan que es psicológica. A mí todas estas opiniones me resultan muy respetables y sensatas. Me parecen muy bien. Pero mis límites de tolerancia respecto a los mensajes que los medios no cesan de vomitar acerca de la crisis están desbordándose y empiezan a saltar las alarmas (aunque por otra parte debo reconocer que la crisis viene muy bien como excusa para lanzar mensajes de clientes que ofrecen sus servicios a precios razonables, en plan “he aquí la solución anticrisis” –no me enfadaré contigo si a partir de ahora me denominas como “el fariseo”).
Pues bien, los medios nos tienen los oídos cocidos con tanta crisis. Eso ha quedado claro. Pero curiosamente son estos medios de comunicación los que más severamente están recibiendo los embates de la anteriormente denominada “recesión”. Los cierres y despidos en empresas mediáticas están a la orden del día. Una situación que me desagrada profundamente, ya que al fin y al cabo son compañeros.
Pero de tanto leer sobre la crisis, al igual que a Alonso Quijano, se me secó en el cerebro y viniéronme extraños pensamientos al cerebro: “y cuando mi padre tenía mi edad ¿por qué situaciones estaba pasando?” Resulta que cuando este señor tenía 40 años (mi edad actual) era 1947 (sí, era muy mayor) y se encontraba en Alemania en plena posguerra. Su oficio era el de actor y anteriormente había cosechado grandes éxitos tanto en Alemania como en Estados Unidos, donde incluso llegó a estrenar personajes protagonistas en Broadway.
Pero cuando tenía 40, Alemania era una escombrera a gran escala, que aglutinaba teatros y cines. Pues después de ver bombardeada su vivienda en las últimas 12 horas de la guerra, este actor se unió a otros compañeros de profesión que también lo habían perdido todo y entre todos reconstruyeron un autobús hecho a base de material de desguace que les permitió ir de pueblo en pueblo, realizando representaciones teatrales y recibir, como pago, trozos de pan, queso, leche… Para qué voy a seguir ¿verdad?
...y nosotros tan preocupados por lo que nos depara el destino con esta crisis tan “terrible”. En fin, el compañero Juan Carlos tenía tanta razón con aquello de “¿Por qué no te callas?” ¿Por qué no nos callamos todos un poco, pensamos cómo estaban nuestros padres a nuestra edad y nos dedicamos cada uno a hacer nuestros deberes?