jueves 5 de marzo de 2009

¡Lo de antes sí que eran crisis!

Tal como dicen, esta dichosa crisis es general, o bien estructural, otros dicen que es de consumo y muchos otros argumentan que es psicológica. A mí todas estas opiniones me resultan muy respetables y sensatas. Me parecen muy bien. Pero mis límites de tolerancia respecto a los mensajes que los medios no cesan de vomitar acerca de la crisis están desbordándose y empiezan a saltar las alarmas (aunque por otra parte debo reconocer que la crisis viene muy bien como excusa para lanzar mensajes de clientes que ofrecen sus servicios a precios razonables, en plan “he aquí la solución anticrisis” –no me enfadaré contigo si a partir de ahora me denominas como “el fariseo”).

Pues bien, los medios nos tienen los oídos cocidos con tanta crisis. Eso ha quedado claro. Pero curiosamente son estos medios de comunicación los que más severamente están recibiendo los embates de la anteriormente denominada “recesión”. Los cierres y despidos en empresas mediáticas están a la orden del día. Una situación que me desagrada profundamente, ya que al fin y al cabo son compañeros.

Pero de tanto leer sobre la crisis, al igual que a Alonso Quijano, se me secó en el cerebro y viniéronme extraños pensamientos al cerebro: “y cuando mi padre tenía mi edad ¿por qué situaciones estaba pasando?” Resulta que cuando este señor tenía 40 años (mi edad actual) era 1947 (sí, era muy mayor) y se encontraba en Alemania en plena posguerra. Su oficio era el de actor y anteriormente había cosechado grandes éxitos tanto en Alemania como en Estados Unidos, donde incluso llegó a estrenar personajes protagonistas en Broadway.

Pero cuando tenía 40, Alemania era una escombrera a gran escala, que aglutinaba teatros y cines. Pues después de ver bombardeada su vivienda en las últimas 12 horas de la guerra, este actor se unió a otros compañeros de profesión que también lo habían perdido todo y entre todos reconstruyeron un autobús hecho a base de material de desguace que les permitió ir de pueblo en pueblo, realizando representaciones teatrales y recibir, como pago, trozos de pan, queso, leche… Para qué voy a seguir ¿verdad?

...y nosotros tan preocupados por lo que nos depara el destino con esta crisis tan “terrible”. En fin, el compañero Juan Carlos tenía tanta razón con aquello de “¿Por qué no te callas?” ¿Por qué no nos callamos todos un poco, pensamos cómo estaban nuestros padres a nuestra edad y nos dedicamos cada uno a hacer nuestros deberes?

1 comentarios:

Jaime dijo...

Estoy sacando un ratito para leer tu blog y tengo que decirte que esta entrada me ha encantado.

Es una lástima que seamos pocos los que vayamos a leerla, porque un poco de cordura nunca viene mal.

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